Viernes, 28 Diciembre 2018 10:06

Perdices de final de año: pocas, y duras…

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Por Miguel F. Soler

 

A estas alturas del año no podemos pretender milagros en cuanto a peso o número de piezas en la percha tras cada jornada de caza, más en circunstancias como las actuales en las que la densidad de caza brava está en un equilibrio muy ajustado en la mayoría de los cotos.

 

La perdiz de últimos de año no es una patirroja cualquiera; tras varios meses de caza, la perdiz es la que marca ahora la diferencia con el cazador, ya que salvo lances concretos, inesperados, hasta sorprendentes, lo habitual es que veamos perdices y no podamos ponerlas en situación de tiro con facilidad, más si cazamos solo con nuestro perro por delante, o como mucho en pareja con otro perdicero, pues cazar en manos amplias de varias escopetas da para estrategias diferentes, si bien –y en sinceridad-, lo “suyo” es ir de perdices lo más posible de “poder a poder” y sin el amparo de varios compañeros y un buen número de perros.

 

Sinceramente, la caza de la perdiz brava y autóctona no debería considerarse caza deportiva sino caza ética, una acción muy medida en la que cada cazador debe ser consecuente con lo que el campo, su coto, puede dar, y según ello y las perspectivas venideras, ajustar la presión a las perdices. Esto no es dejar de cazarlas, lo digo desde hace ya muchos años, hay que seguir cazando porque día que estamos en el campo es un regalo para nosotros y una salvaguarda para el entorno (un coto sin cazadores en el campo a estas alturas por no haber caza suficiente, y a veces sin guarda por las limitaciones económicas, es una invitación clara al furtivismo).

 

Cacemos, y hagámoslo con talento y verdadero sentido venatorio de respeto máximo al campo, es decir, si el coto da ya para pocos lances, elijamos uno, el mejor servido por nuestro perro, el más trabajado –a veces durante horas- y realicemos entonces nuestros disparos intentando abatir la perdiz de la forma más segura posible para poder cobrarla. Ese es nuestro premio, que tiene un valor incalculable.

 

Pero sigamos cazando, buscando ponerlas en situación de lance, si bien, y si hay pocas, sin disparar. Octubre y noviembre nos han brindado un buen número de ocasiones para realizar las mejores perchas de la temporada, ahora toca tener talento y ser consecuente. Si hay muchas, cacemos las que buenamente debamos y podamos; y si hay pocas o muy pocas, cacemos mucho, pero disparemos poco, lo justo. E incluso no disparemos, esa vibrante y súbita emoción que nos invade al salirnos la perdiz de la pestaña de romeros en plena sierra, viendo volar el pájaro que llevamos moviendo media mañana, potente y decidido, hacia la ladera de enfrente, es ya todo un premio más que suficiente.

 

En estas fechas, perdices duras, y puede que pocas. Pero cazadores bravos y con tesón, hay muchos que siguen saliendo jornada tras jornada al campo, a verlas, a moverlas, a tirar si se puede, y si no, a disfrutar de intentar ponerlas a tiro.

 

Tomo el ejemplo de dos grandes de la bicicleta y de la caza de la brava patirroja, Vicente Aparicio, y Vicente Revidiego, dos perdiceros duros, tesoneros, con una valía y facultades envidiables, que no dudan en dar por concluida la jornada de perdices en la sierra si ven que hay que dejarlas para otro día, o tal vez para la próxima temporada. Bravo por ellos.

 

Es tiempo de pocos disparos pero que han de ser certeros y bien realizados; por ello os recomiendo no abusar de chokes demasiado cerrados, mejor movernos entre *** y **, pues con cartuchos adecuados y de carga equilibrada, vamos a poder solventar mejor ese lance inesperado a media distancia y aprovechar también las que salen a límite de tiro. Un cartucho bien diseñado, con buena llegada y plomeo bien gestionado, a menudo abate mejor con chokes medios que con chokes muy cerrados, insisto, salvo situaciones concretas o salvo el caso de excepcionales tiradores.

 

No queramos abatir a cualquier distancia y a base de disparos repetidos, a veces de forma irreflexiva; aprende a cazar primero, a hacerlo bien, moviendo las perdices con mano firme pero con dulzura, hasta provocar –si se puede- que alguna salga a buena distancia, entonces sí hay que aplicarse y realizar nuestro mejor disparo, no un disparo “para ver qué pasa”. Perdices de últimos de año, pocas, y duras, muy duras…

 

 

 

Pie de foto: Vicente Aparicio (izq.) y Vicente Revidiego en un día a perdices de sierra en diciembre

 

Autor de la foto: Vicente Revidiego

 

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